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Los Espíritus Antepasados
Ascienden a la Tierra


Nuestros Antepasados concentraron sus fuerzas, cuando decidieron desaparecer en las entrañas de la tierra. Esto sucedió cuando estaban viviendo en Wuatetuapa, el mundo primordial, donde la vida germinó debajo de la superficie de la tierra. Se previnieron para hacer el viaje subterráneo hacia el nuevo mundo de arriba. Con este fin se reunieron en un lugar llamado Xápaviyemeta.

En Xápaviyemeta, Nuestros Antepasados se subieron a un cerro elevado y formaron una laguna a sus pies. Entonces la laguna se tornó en sangre y se precipitó un diluvio que duró cinco años.

Mientras que el inframundo estaba inundado, Nuestros Antepasados se perdieron debajo de la tierra. Después emergieron en la superficie del nuevo mundo (el nuestro), en la Tierra Santa de Wirikuta.

Aquí vemos a Nuestro Hermano Mayor Venadito del Sol, sentado sobre su equipal sagrado, uwéne, mientras él y sus Espíritus aliados prevenían la destrucción del primer mundo. Kauyumari estaba pensando cómo iban a arreglarse para reaparecer en la Tierra Santa de Wirikuta, después de perderse debajo de la tierra.

Cuando el inframundo fue destruido, Nuestros Antepasados desaparecieron debajo de las

aguas; sin embargo, sus Espíritus sobrevivieron en el viento. Todo fue transformado en puro "kupuri", alma, energía vital y memoria. Así, el Espíritu de Kauyumari pudo mantenerse en vida durante los cinco años de la inundación. Tampoco perecieron sus instrumentos sagrados, ni el equipal al que estaban ligados porque se transformaron en elementos de su Espíritu y de su memoria. Siendo Kauyumari el más poderoso Espíritu Ancestral, porque reúne en su alma la de todos Nuestros Antepasados unidos, él es quien los nutre y sostiene la fuerza de sus Espíritus aliados. Juntos estaban haciendo fuerza. Tatewarí, quien es Nuestro Abuelo el Fuego, sostiene la vida, 'tucari', de Pariya, el Amanecer y de Taweviékame, Nuestro Padre, el Sol. Tatewarí se halla detrás de Kauyumari, quien por su parte sostiene la vida de Tatewarí y la de sí mismo. Los senderos de los cuatro Espíritus Antepasados: Kauyumari, Tatewarí, Taweviékame y Pariya se tornaron en cuatro serpientes; en efecto, cada uno de estos dioses se transformó en una vena de agua, que se abrió un camino hacia la superficie de la tierra. Al final de cinco años, los Espíritus divinos convertidos en serpientes y escarbando sus canales en la roca con sus lenguas, emergieron en la Tierra Santa, simbolizada (arriba a la derecha) por cinco biznagas de Peyote con manchas de tamo blanco. Sus corazones, iyari, fueron transformados en chuparrosas y también alcanzaron la Tierra Santa.

El Espíritu del Cielo, Nuestra Madre Aguila, Tatéi Werika Wimari, se hizo cargo de cuidar el nierika, que es la imagen reflejada de los principales Espíritus machos: Kauyumari, Fuego y Sol. Nuestra Madre del Cielo, con figura de ave (abajo a la derecha), levanta con su pico los tres discos, nierikate, mientras emprende su ascensión al Cielo, el tercer mundo que se manifestó por primera vez después de la inundación.

La superficie de la tierra no apareció hasta que las aguas de la inundación comenzaron a retirarse. Después de abrir el camino al nuevo mundo, Kauyumari se encarnó en un venado para devolverse al lado de Nuestra Madre Tierra Húmeda, Tatéi Yurianaka, quien había permanecido abajo (abajo a la derecha). Ella estaba lista ya para ascender y transformarse en la Tierra, de la cual ella es la esencia. Mientras estaba en el inframundo, había usado su fuerza espiritual para consolidar la creación del nuevo mundo al lado de su compañera, el Aguila Madre del Cielo.

En verdad, durante todo el viaje a la superficie de la tierra, durante la inundación, Kauyumari iba atrás y adelante poniendo de acuerdo a los dioses para que no se perdieran sus palabras. Por ejemplo le decía a la Madre Aguila: "si logramos salvarnos, tu serás la encargada de las palabras de la vida. Sostén el nierika en el viento". Así mismo estuvo en contacto con Nuestra Madre Rocío/Alma, Tatéi Hautsi Kupuri, quien da la vida al maíz. Ella está representada como una figura pequeña de mujer (abajo al centro), con líneas de comunicación ligadas a la silla de Kauyumari. Por otro lado, está unida con un grano de maíz sobre la cual rocía vida, dándole agua. El grano de maíz, en forma de corazón rosa, está germinando; es en efecto el corazón del maíz que brota de su seno. El grano de maíz encarna a Tatéi Niwetsika, Nuestra Madre, Ama del Maíz. Kauyumari amonestó a las diosas del Maíz y del Rocío/Alma que vigilaran con celo sobre la vida del maíz.

Las deidades hembras emergieron en la Tierra Santa en el lugar sagrado llamado Tatéi Matinieri, "Nuestra Madre quien nos vigila" (arriba a la izquierda). Ahí, apareció la planta de maíz ostentando su fruto en la forma de una joven muchacha llamada Tsitákame, el Espíritu del elote con cabello. "Tsitákame", dijo Kauyumari, "tiene que llegar entre las flores". Así, cuando Tsitákame apareció, los cempasúchiles, 'puguari', florecieron alrededor del lugar sagrado de Tatéi Matinieri. Una ramita de cempasúchiles crece al lado derecho de la caña de maíz. La base de la ramita de flores se oculta detrás de un sahumador de tres patas, putsi, con copal; el incienso calma a Nuestra Madre Rocío/Alma. Seis flores de color café, a lo largo de la caña que sostiene Tsitákame, simbolizan que ella apareció seis años después de la destrucción del viejo mundo; la séptima flor indica que recibió su nombre al año siguiente. Tatéi Matinieri es el Espíritu del ojo de agua sagrado del lugar que lleva su nombre. Al principio su apariencia fue la de un insecto, 'hakukumi', que vive sobre el agua y viajó sobre una vena de agua del inframundo. La vena de agua fluye desde su fuente (arriba a la izquierda), hasta llegar a su sede, donde el ojo de agua y el insecto unidos simolizan el Espíritu de Tatéi Matinieri. Esta unión está simbolizada por tres crucecitas en el lugar sagrado. Los cinco peyotes (arriba a la derecha) que señalan la Tiera Santa de Wirikuta, son al mismo tiempo jícaras votivas para Kauyumari, para el Espíritu del Fuego, el Espíritu del Sol, el Espíritu del Amanecer y para Nuestra madre Aguila. Las vidas de estas deidades son representadas como flores.

Después de la inundación, los Espíritus Antepasados reaparecieron en carne, naciendo de nuevo en nuestro mundo. Entonces se dirigieron por los caminos que los guiaron hacia Teakata, donde fundaron sus cuevas sagradas en la sierra y se comprometieron a recorrer toda la superficie de la tierra durante los siguientes cinco años. Al final de esos cinco años, el Espíritu del Sol se libró de su cuerpo y fue transformado en el brillante astro.

Así como los dioses se sacrificaron por nosotros, nosotros también sacrificamos por el bien de la familia.

Artista: José Benítez Sánchez, 1974
1.22 x 1.22 m.
Explicación y traducción por Juan Negrín Fetter según la grabación con José Benítez Sánchez
Imagin y texto ©Juan Negrín Fetter 1973 - 2008, Derechos digitales e impresos reservados.