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Desde mí, desde mi ver, experiencias y reflexiones con mi familia y parientes de San Andrés.

Autor—anónimo

     La gente grande, adultos, personas que han visto la transformación de la comunidad, personas de las rancherías, gente que persigue la continuación de la “cultura” o vida “wixárika”, desde la ideología central del wixárika, todos con diferentes grados de profundidad con lo que a cada uno le toca saber y hacer (roles, cargos, saberes, siembra, sueños, lugares sagrados, autoridades, marakate), aún conservando en su lengua, y en sus palabras este enfoque de una manera “completamente” diferente, paralela, de distinguir las cosas propias y del alrededor, lo que más chido se conoce como cosmovisión.

     San Andrés es el mejor ejemplo para hablar de un pueblo con múltiples posturas respecto de lo occidental. Tatei kié “la casa de nuestra madre tierra” antes de comunidad un centro ceremonial de mucha importancia, parece olvidar con el paso del tiempo su origen. Los primeros que habitaron por la circunstancia, eran claros de su visión como wixaritari. Las nuevas generaciones con miradas de una mezcolanza de cultura, lo propio y lo occidental, algunos más con lo propio, algunos más occidentales. Algunos conscientes de ello, algunos ingenuos y son como les tocó ser. San Andrés, de las primeras comunidades con contacto occidental.

     Las escuelas, los franciscanos, la secretaría de salud, el servicio de luz, las tiendas, los proyectos productivos, el eculturismo, wixas que van y vienen, los que no vuelven. Hacen perdida de la vista, el centro de lo que podría ser una renovación de la cultura, porque se pierde y los wixaritari tienen confusión al tratar de ver en medio de todo eso, y a la vez en nada por que no conocen el alma de estos otros pensares, y vienen de otros mundos.

     Hay varias ideologías ya, los emprendedores, empresarios, los testigos de Jehová, los escolares, los comuneros, y los que mencionábamos al principio. No se sabe a quien obedecer: a la escuela, a los ancianos, a los padres, a los mestizos, y así se separa por que ya también cambió la manera de vivir. La situación más delicada es la de los jóvenes, con este panorama se han criado. En cada casa la educación es distinta, en algunos la dirigen los abuelos y padres, algunos prefieren mandarlos a la escuela, algunos quieren conocer lo occidental solo por experimentar. Hay quienes se aventuran a las escuelas, para luego convencerse que no quieren optar por eso. Los jóvenes son la muestra de una historia, sigue distinguiéndose en la diversidad de pensares, wixas al fin pero con distinta tendencia de vida.

     Los jóvenes más instruidos para proseguir la cultura, siguen sensibilizándose al ver al marakame en acción, como se materializa el mal, el canto sagrado de él, le sigue guardando una distancia de respeto. Cuando el marakame tras una noche de comunicación con los antepasados, encuentra desde aquel lugar donde estábamos antes de nacer, “+r+kame” la piedra de nuestra raíz, antes de que naciéramos, para decir que estamos en el mapa aún y que nuestras peticiones tendrán un escucha en el mundo de los antepasados. Ejemplo anterior, solo para hacer saber que en medio de esta mezcolanza, sigue existiendo esto, y varios jóvenes tienen la habilidad de seguir viendo y aprendiendo de eso. Aprenden los cuentos, las mujeres que bordan, innovan el bordado, el morral, las peinetas, con ello se adornan, venden y cosen. Están con sus papás, acompañándolos en sus labores. Sueñan y lo entienden para la vida despiertos. Y así, de alguna manera para ellos, han logrado una manera de “revivir” la cultura con todo lo nuevo.

     Por otro lado, están los chavos de más idea occidental, los que se reúnen para jugar fútbol, para pasear en sus camionetas alrededor del pueblo. Los que pistean los fines de semana, hijos de los tienderos, maestros, artesanos, en fin. Gustan de ir a los bailes en San Miguel, ahí mismo, escuchar música fuerte. Las mujeres jovencitas que se juntan, y que se entregan al rol de de la mujer de hogar, o viven con los conflictos del machismo generalizado. Muchas con una manera de vivir occidental en la comunidad, con mirada de morbo al marakame, de brujos malhechores, escépticos de las historias de antepasados, ausentes en las ceremonias, en las asambleas, preferir jugar volyboll, ver la tele, presuntuosos de un nuevo ser wixa, y ala vez por dentro muy confundidos. Algunos con familiares sabias que se alejan, porque parecen no entenderse en el diálogo. Querer ser cantante, ir a estados unidos, traer una camioneta son cosas que quieren algunos. Algunos de ellos volvieron para estar presentes en la nueva gestión de la “comunidad” de San Andrés, con los partidos políticos, o para hacer el gran graffiti de “mi vida loca”.

      La vida de la comunidad va cambiando, cambia en función de las vidas del lugar. Las muertes de los “marakames”, de tales ancianos. Muertes de ellos, irremplazables para buena parte del planeta, conocimiento irremplazable, bien quién dejó a hijos marakate, o responsables de cuidar el camino de la familia o la comunidad, mal por que el que no pudo hacerlo, esto desde la perspectiva de quiénes quieren seguir con esta opción de vida, dolor de una buena parte de la comunidad. Parece que esa parte de la comunidad al morir, está desapareciendo esos caminos.

      Así pues la comunidad y más ahora, se ve dividida, difícil de llegar a acuerdo, difícil de dialogar, difícil de encontrar el rumbo conjunto, que quizá muchos sigan guardando muy en sus adentros, como digo abrumados por el no saber de que se trata esto. Jóvenes separados por la historia, criticándose en voces bajas o en exclamaciones que parecieran poco revisadas, y acompañadas.

     ¿Qué importancia tiene la escuela en este panorama? ¿mucha o poca? ¿que ha fomentado la escuela por su simple presencia?

     La escuela es el lugar de los jóvenes para muchos, para otros mejor se abstienen, algunos conscientes de que es un lugar para cambiar a la gente. Algunos con celo de mantener lo que saben, de pasarles la estafeta de su ser a los hijos. Hijos que de todas formas tendrán que confrontar, la realidad como lo es ahora. La escuela para el grupo “más wixárika” es un lugar aparte, alejado de sus vidas. Por algunos criticada, de que funciona con un lema que no es coherente con sus acciones, sus festividades, sus enseñanzas. Con débil fuerte en las cosas de la vida wixárika, de la cosmovisión que aún en ellos se mantiene.

     Padres que lloran, por que ven como cambian sus hijos, madres que se sienten débiles en las asambleas por que las opiniones que pesan son otras, las de los hombres, las de los autorizados por su conocimiento occidental, ancianos que ya no tienen cabida en la opinión “se quedaron atrás”. Talvez sea que la escuela no ha considerado a la comunidad, completa pues. Talvez si no ha logrado ser una escuela “wixárika” para los “wixaritari”. La escuela está queriendo una manera de ser validada por la institución occidental, tal vez en ese andar ha perdido el foco, también por sus grandes dificultades, tal vez la institución no está entendiendo a la escuela, a los wixaritari en general, talvez la institución se está imponiendo poco a poco.

     Remontándonos a los wixaritari que acordaron apostar por la educación intercultural. Haya que revisar el pasado, las cosas que están pasando, que era lo que se quería cuando se hizo la escuela y que era lo que se quería en ese momento. Los maestros están de acuerdo con eso, y después ahora sí, tomar una determinación considerando a la comunidad, región, en una reflexión conjunta. ¿Qué es lo que cabe en la escuela? ¿Qué no se puede hacer? ¿hasta donde puede llegar la escuela y de que manera? Tratar de establecer un camino, para seguir siendo comunidad.

     Con los jóvenes que están en la escuela, ellos en su futuro impactarán a sus hijos, familias, comunidad, habrá quiénes su voz se escuche más allá. Entonces la escuela si es importante en la comunidad, hay que fortalecer ese lazo que antes era obligación, de tomar decisiones con la comunidad, en conjunto, que la escuela sea un buen guía, una buena y nueva autoridad tradicional, y autoridad como lo vemos los “más wixaritari” de hoy, es aquel al que le debemos escucha por que ha vivido, a reflexionado, de lo que enseña, y porque el destino o el sueño le dio el cargo. Hay que reflexionar con los compañeros maestros, ellos con sus alumnos, ellos con sus padres, los padres con la comunidad. Pero tenemos que hacerlo, aún no somos tan irresponsables. Los jóvenes en su lengua, al hablar, han hecho nuevas maneras de cultura con las influencias occidentales, nuevas maneras de percibir el mundo, parece estar cercano a la manera de hablar en español, algunos viajan y están en algún lugar de esa transformación de la palabra, diferente a la de los papás, a la de los viejos.