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Wirikuta: el planeta Pandora de México

Por Pablo Alarcón-Cháires
26 de febrero de 2010

Tal pareciera que situaciones como el choque de civilizaciones, argumento principal de la película Avatar, en la que seres humanoides llamados na´vi luchan por salvar su planeta Pandora de la desenfrenada avaricia humana, que la conexión y comunicación de seres inteligentes con diferentes elementos de su entorno natural o que la existencia de una cultura ancestral dependa a su vez de una especie vegetal, estuvieran fuera de realidad y solamente pudieran ser concebidas en mentes como las del cineasta James Cameron con una buena dosis de imaginación y fantasía. Pero la situación actual en México es acorde a las circunstancias planteadas en la película: los na´vi son el pueblo indígena wixarika o huichol; los soldados emisarios de los intereses económicos están encarnados por la policía del Estado de San Luis Potosí; el planeta Pandora, es el actual territorio sagrado huichol del desierto de Wirikuta, cercano a Real de Catorce; y el Árbol de las Almas de Pandora, es la planta sagrada jicuri o peyote.

En el ejido de Las Margaritas, San Luis Potosí, el 22 y 23 de febrero pasados, mientras los indígenas huicholes realizaban una de sus ancestrales ceremonias relacionadas con la peregrinación que anualmente llevan a cabo desde la sierra huichola al desierto de Wirikuta, fueron violentamente interrumpidos, intimidados, hostigados y vituperados por fuerzas policiacas del Estado de San Luis Potosí. El delito: no ajustarse al programa de peregrinación que la autoridad estatal tiene para este pueblo y disponer en esos momentos de uno de sus más sagrados medios para comunicarse con sus dioses y para ejercer su medicina tradicional: el peyote. Es decir, el frenesí institucionalizado por ejercer control sobre lo que la autoridad considera como psicotrópico, está permeando y golpeando a una de las culturas que más representa a la cosmovisión mesoamericana precolombina y peor aún, pareciera que el motivo oculto de todo ello es reducir la geografía sagrada huichola en aras de apuntalar la agroindustria jitomatera en la región, como lo ha denunciado este pueblo indígena. De ser ciertas tales pretensiones, implicará una transformación radical del paisaje y la disminución del hábitat natural del peyote con sus consecuencias ecológicas y culturales.

Si a esta nueva presión sumamos el intento forzado por construir una carretera dentro de la región huichola contra su voluntad, la construcción de la presa El Cajón que inundó centros ceremoniales de este pueblo indígena, la electrificación convencional no deseada en la región o el lanzamiento desde avionetas de radios que sintonizan única y exclusivamente señales de estaciones religiosas protestantes, el futuro de esta rica cultura indígena se encuentra comprometido.

Como en la película Avatar, en el México de hoy, aquellos que representan los intereses económicos a ultranza no logran entender que existen diferentes maneras de concebir, percibir y conocer el mundo natural, con lo cual se establece una relación de reciprocidad e intercambio simbólico como ocurre con los pueblos indígenas, un vínculo difícilmente entendible desde la visión capitalista y materialista de la sociedad dominante.

De acuerdo al convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en países independientes firmado por México y conforme a lo dispuesto en el artículo 2 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los indígenas huicholes están en todo su derecho de ejercer su religiosidad de acuerdo a sus usos y costumbres, lo que incluye la utilización del peyote con fines ceremoniales, ritualísticos y como medicina tradicional, así como de continuar con su peregrinaje de acuerdo a sus tiempos y no a las agendas burócratas del gobierno. Una vez más, el conflicto entre la conservación de la naturaleza y la cultura, frente al desarrollo económico creado por intereses particulares se hace evidente. ¿Hasta cuándo esta ola interminable de hostigamiento hacia el pueblo wixarika, representante viviente de la cosmovisión mesoamericana?